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Cuando estamos sentados, el peso de nuestro cuerpo no se distribuye de manera uniforme sobre toda la superficie del asiento. Existen determinadas zonas que soportan una mayor presión y, cuando una persona pasa muchas horas al día en una silla de ruedas, cómo se distribuye esa presión adquiere una especial importancia.

Dos personas con un peso y una silla similares pueden presentar mapas de presión completamente diferentes. La postura, la anatomía, la movilidad, las asimetrías corporales o el tipo de cojín son solo algunos de los factores que pueden influir.

Por eso, una correcta sedestación va mucho más allá de “sentarse cómodo”.

¿Dónde se concentra principalmente la presión al estar sentados?

Una parte importante del peso corporal se transmite al asiento a través de la pelvis.  También pueden existir zonas de mayor presión alrededor del sacro, el cóccix o los trocánteres, dependiendo de la postura y de las características de cada persona. Cuando la presión se concentra durante demasiado tiempo sobre una zona pequeña, especialmente si la persona tiene dificultades para cambiar de posición por sí misma, aumenta el riesgo de que los tejidos sufran.

Pero no debemos fijarnos únicamente en cuánto pesa una persona. La distribución de ese peso es igual o incluso más importante.

La postura puede cambiar completamente el reparto de presiones

Imaginemos a una persona que permanece perfectamente centrada en su silla y a otra que tiende a inclinarse hacia un lado. Aunque ambas tengan el mismo peso, la segunda probablemente ejercerá una mayor carga sobre uno de los lados de la pelvis.

Esto puede suceder por diferentes motivos:

  • Escoliosis u otras alteraciones posturales.
  • Oblicuidad o rotación de la pelvis.
  • Diferencias en el tono muscular.
  • Debilidad de tronco.
  • Limitaciones articulares.
  • Dolor.
  • Alteraciones neurológicas.
  • Una configuración inadecuada de la propia silla.

Por eso, cuando aparecen rojeces recurrentes siempre en el mismo punto o una persona tiene tendencia a desplazarse hacia un lado, no basta con colocar un cojín más blando. Es necesario intentar comprender qué está provocando esa concentración de presión.

¿Qué ocurre si la persona se desliza hacia delante?

Otra situación frecuente es adoptar progresivamente una posición deslizada en el asiento. Cuando la pelvis se desplaza hacia delante y rota hacia atrás, cambia el contacto del cuerpo con el asiento y el respaldo. Esto puede aumentar la carga en determinadas zonas y favorecer una postura menos estable.

Además, puede provocar compensaciones en el tronco, dificultar el manejo de la silla y afectar al posicionamiento de las piernas y los pies.En estos casos es importante valorar el conjunto del sistema: profundidad y anchura del asiento, altura de los reposapiés, respaldo, apoyos posturales y cojín.

El tiempo también importa

La presión no depende únicamente de su intensidad. También importa durante cuánto tiempo permanece una zona sometida a ella. Una persona capaz de levantarse, caminar o cambiar frecuentemente de postura dispone de mecanismos naturales para aliviarla.

Sin embargo, una persona con movilidad muy reducida puede permanecer muchas horas sentada y tener dificultades para realizar cambios de posición de forma independiente. En estos casos, las estrategias de alivio de presión, los cambios posturales y una correcta configuración del sistema de sedestación adquieren todavía mayor importancia.

El cojín: mucho más que una cuestión de comodidad

Existe una gran variedad de cojines para sillas de ruedas: de diferentes espumas, aire, gel, estructuras híbridas y sistemas específicamente diseñados para posicionamiento o manejo de presiones. Pero no existe un cojín que sea el mejor para todas las personas.

Para elegirlo hay que valorar aspectos como la capacidad de realizar cambios posturales, estabilidad de la pelvis y el tronco, sensibilidad, estado de la piel, anatomía, peso, tiempo diario de uso de la silla y riesgo individual de lesiones por presión.

Además, un cojín puede distribuir muy bien las presiones pero no proporcionar el control postural que necesita una determinada persona, o al contrario. El objetivo es encontrar un equilibrio entre protección, posicionamiento, estabilidad, funcionalidad y confort.

¿Un cojín antiescaras elimina el riesgo?

Este es un punto importante: ningún cojín puede garantizar por sí solo que no aparezca una lesión por presión. El cojín forma parte de una estrategia más amplia que puede incluir cambios posturales, cuidado e inspección de la piel, correcta nutrición e hidratación, manejo de la humedad, configuración adecuada de la silla y seguimiento profesional.

Si una persona presenta continuamente presión sobre un mismo punto, molestias o problemas de posicionamiento, cambiar de cojín sin estudiar la causa puede no resolver el problema. En ocasiones hay que revisar todo el sistema de sedestación. Una anchura de asiento incorrecta, unos reposapiés demasiado altos o bajos, un respaldo inadecuado o la falta de determinados apoyos pueden modificar la posición de la pelvis y, con ella, la distribución de las presiones. La silla, el respaldo y el cojín deben trabajar como un conjunto.

La importancia de una valoración individualizada

Una buena sedestación busca que la persona esté estable, correctamente posicionada y pueda realizar sus actividades con la mayor autonomía posible, al mismo tiempo que se intenta distribuir adecuadamente la presión.

En algunos casos puede ser útil realizar una valoración específica de la distribución de presiones mediante sistemas que permiten visualizar las zonas donde existe una mayor concentración de carga. Esta información debe interpretarse junto con la valoración clínica y postural de la persona.

En Acceda Ortopedia estudiamos las necesidades de cada usuario para seleccionar y configurar las soluciones de sedestación más adecuadas, desde el cojín y el respaldo hasta la propia configuración de la silla de ruedas.